Ir a un campo de concentración en Alemania es una visita obligada. Nosotros fuimos a Sachsenhausen, a las afueras de Berlín. Cogimos el tren y en una hora aproximadamente allí estabamos. De la estación de tren al campo hay un ratito andando, pero se puede hacer perfectamente.
Además la mayoría de gente que para en aquella estación va a visitar el campo, así que seguro que no os perdéis. Es acojonante, perdón por la palabra, ver un lugar así donde habido gente que ha llegado a sufrir lo que nunca podremos llegar a imaginar. Estabas allí paseando por el campo de concentración y era una sensación de tristeza y rabia a la vez que era hasta difícil hacer bromas con los amigos. Nosotros fuimos en febrero y estaba todo nevado. Imaginarse a aquellas personas simplemente con un pijama de rayas te ponía los pelos de punta. Nosotros íbamos con camiseta interior, jersey, abrigo, guantes y demás y ya hacía frío, así que imaginaros lo que llegaban a pasar.
En el campo de concentración que fuimos nosotros a l entrada podías coger un mapa para guiarte en la visita. Había guías si querías, nosotros no lo cogimos. Puedes verlo todo, y entrar en casi todas las zonas. La zona de las habitaciones no se puede entrar pero se ve a través de cristal. Cientos de “camas”, simplemente sumieres de madera, pegados unos al lado de los otros. Los baños también eran dignos de ver. La sala de enfermería es extremadamente desangelada y ver las mesas donde ponían a los muertos te deja con un mal cuerpo impresionante. El crematorio te deja sin habla durante unos minutos. Primero hay una especie de matadero al aire libre, donde les pegaban unos tiros y luego los llevaban al crematorio. Hay un museo en el que puedes ver los trajes que llevaban los presos, las armas que utilizaban y las minúsculas celdas donde pasaban cientos de horas. Creo que no hay palabras para describirlo, si podéis ir a verlo, os hará pensar en muchas cosas.













